Camino al panal

Opinión Por Luciano Giuliani
En una provincia como Córdoba resulta difícil hacer un mapa político previo a las elecciones.
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foto: blogspot.com

El peronismo cordobés de Hacemos por Córdoba representa a la raíz más conservadora de la provincia y cuenta con el mayor aval popular desde hace más de veinte años.

Hacemos por Córdoba es un peronismo muy particular que rescata la figura del Gobernador Bustos, tal vez más por su tradición católica y conservadora que por su adhesión al partido Federal.

En el oficialismo provincial la figura de Perón es respetada y a nivel doctrinario tal vez quien mejor guardó su legado fue, José Manuel De la Sota, que trató incansablemente de hablar del mejor Perón haciendo referencia al líder en el momento del Modelo Argentino para el Proyecto Nacional.

El radicalismo de Córdoba por el contrario es una gran incógnita, una fuerza política que parece haber quedado atada desde hace años a los designios de sus referentes nacionales y que ha quedado encapsulada como una fuerza política de oposición.

El radicalismo provincial tiene una importante territorialidad, aunque ha perdido en estos años los cuatro distritos más importantes electoralmente hablando.

Río Cuarto, Córdoba capital, San Francisco y Villa María por ahora son territorios en manos del oficialismo y que, a excepción de Río Cuarto, los demás serán disputados electoralmente, lo que significa para el radicalismo la necesidad de lograr acuerdos en esos distritos y poder presentar fórmulas competitivas.

A nivel provincial desde 2021 reapareció la figura de Luis Juez, como un líder opositor en quien confían los cordobeses.

El Frente Cívico tuvo la intención de construir una alternativa al radicalismo y al peronismo de Unión por Córdoba, pero desde aquella elección que consagró a Juan Schiaretti, la fuerza política conducida por, Luis Juez, ha abrevado en los armados políticos lo más alejados posible del peronismo.

Luis Juez parece ser un buen candidato para Juntos por el Cambio en la provincia, aunque el radicalismo cree que Rodrigo de Loredo debería tener la oportunidad de presentarse.

El radicalismo ha perdido hace mucho su raigambre popular a pesar de que gran parte del electorado cordobés no tiene grandes diferencias ideológicas con ellos, de prueba basta mirar los resultados nacionales de Córdoba.

Luis Juez podría llegar a ser el hombre fuerte de Juntos por el Cambio en la provincia, no tanto por el espesor de su fuerza política sino por su figura, aunque para presentar una elección con chances, el radicalismo debe resolver con urgencia candidaturas competitivas en las grandes ciudades que permitan trazar la idea de un proyecto político para la provincia, de lo contrario es muy posible que la gente siga eligiendo al partido gobernante por más cansancio que haya.

La tercera fuerza en disputa en la elección provincial es el kirchnerismo que ha anunciado sobre el final de este año que presentará lista propia.

Para el kirchnerismo al igual que para el radicalismo la imposibilidad de que haya reelección de intendentes presenta una tensión importante.

El panorama nacional para el kirchnerismo no se presenta sencillo y se habla de una interna de alto voltaje en el Frente de Todos con la ausencia como candidata de la principal líder del espacio Cristina Fernández de Kirchner.

El kirchnerismo tiene poco por perder a nivel provincial y mucho por ganar si logra hacer pie en la legislatura con candidatos propios y leales, algo que intentó hacer en 2015 y que tuvo resultados desastrosos.

Sin embargo, habrá seguramente una importante lucha interna donde dos jugadores de peso medirán fuerzas, Martin Gill y Gabriela Estévez.

Ambos dirigentes son los conductores del espacio kirchnerista en Córdoba, con diferentes miradas y diferentes prácticas en un contexto muy adverso.

El kirchnerismo cuenta con un núcleo duro cercano al 10% de los votos que se ha mantenido inconmovible siendo oposición o siendo gobierno, está tal vez es una de las fortalezas más importantes del espacio y a la vez una de sus limitaciones más difíciles de superar.

Para ampliar su electorado tiene tres alternativas posibles, la primera tratar de fraccionar al oficialismo en un momento clave donde aún siguen siendo la fuerza más poderosa de Córdoba.

La segunda es tentar a intendentes radicales a subirse al barco frentetodista sin ninguna certeza de que el diez de diciembre del 2023, la banda presidencial esté en manos de un dirigente del actual oficialismo nacional, o la tercera opción de buscar en la izquierda una alianza que le permita aumentar el caudal de votos y acercarse al 13 o 14% logrado con la candidatura de Eduardo Accastello.

Este último camino es riesgoso en primer lugar porque la izquierda no resignaría sus posiciones con respecto al kirchnerismo y en segundo lugar porque el kirchnerismo en Córdoba se habría alejado definitivamente del peronismo como base electoral.

En un año electoral que comenzará después del brindis de fin de año en Córdoba, todo parece indicar que las fuerzas políticas apostarán a poner toda la carne en el asador soñando con ocupar el panal y tal vez desde allí influir para elegir al sucesor del sillón de Rivadavia.

Luciano Giuliani

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