El mundo pos pandemia

Opinión Por Luciano Giuliani
sentido humanista

El mundo pos pandemia ha dejado importantes cambios geopolíticos.
El incuestionable protagonismo de China, el visible ocaso de Estados Unidos, la prepotencia de Rusia sobre los intereses de la Europa occidental y un fenómeno del cual aún no hay análisis demasiado profundos que es la sucesión monárquica en Inglaterra y el consecuente vacío de poder hasta reafirmar (si es que lo logra) el poder de la corona británica el rey Carlos III.
El mundo del trabajo pos pandemia parece haber profundizado la precarización y los conflictos políticos en las naciones latinoamericanas producidos por el aumento de la pobreza y principalmente del hambre en países productores de comida van completando el mapa de un mundo complejo y cada vez más desigual.
Mientras los globalistas se estremecen ante el avance de las "derechas" en Europa, la desigualdad crece sin parar en el mundo, y los nacionalismos parecen ser la reafirmación soberana de los pueblos frente a las corporaciones.
El liberalismo sea de izquierda o derecha teme a los nacionalismos porque estos últimos representan los intereses de las mayorías, y el liberalismo siempre será el modelo político de las reformas insuficientes y los buenos gestos hacia las minorías para ocultar el saqueo y la transnacionalización de recursos de las naciones a costa de la pobreza.
América latina se sumerge en la sobreideologización para debatir la política, abandonando la más básica de las batallas, la soberanía política y la unidad latinoamericana.
Nuestra condición de pobres no surge de la idiosincrasia del pueblo sino de la fraudulenta administración de los recursos, la pobreza se manifiesta materialmente pero tiene su base cultural que la precede, y esa base cultural es la degradación de los programas políticos de una dirigencia que se dedica a tratar temas de forma y no de fondo.
El mundo pos pandemia nos interpela en un año pre electoral donde la piñata viene llena de caramelos de distinto color pero con el mismo sabor.
Seguimos debatiendo agendas sin sentido nacional, buscando culpables en vez de aunar voluntades tras un programa económico consensuado.
La mesa del hambre, uno de los grandes artificios dialécticos marketineros de Alberto Fernández quedó en la nada.
No necesitamos discutir más la pobreza, debemos ocuparnos de ella y la forma es discutir la creación de riqueza, porque a partir de allí se lograrán los consensos necesarios para distribuirla.
En Argentina la batalla es cultural, lograr el sentido de pertenencia, la comprensión del destino común y valorar correctamente nuestras capacidades y recursos.
"Si los hermanos se pelean, nos devoran los de afuera".
Al liberalismo no le debemos oponer izquierdas o derechas liberales, sino un nacionalismo con sentido humanista y latinoamericano.

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