La soledad del presidente

Opinión Por Luciano Giuliani
Alberto-Ferrnandez

El acto de miércoles 25, o mejor dicho el no acto en el que el presidente asistió al tedeum acompañado de miembros de su gabinete y el presidente de la cámara de diputados fue la muestra visible de un gobierno débil.
La soledad del presidente no es un hecho casual sino la operación política de desgaste de su compañera de fórmula.
La vice presidente ha optado por vaciar y descomponer el gobierno a sabiendas que este es un momento crítico que debe resolverse generando confianza y estabilidad.
No se trata de inmadurez política, soberbia o exceso de egos. Esta gente llegó al gobierno sabiendo a lo que se enfrentaba y diciendo que asumían el gobierno en una Argentina a la que denominaban tierra arrasada.
Solo han demostrado miserias que esconden intereses inconfesables, la opción "kirchnerista" o "cristinista" resulta ser Sergio Massa, a quien denunciaron sistemáticamente por ser un hombre de la embajada de nuestros primos del norte.
Tras esa estrategia se cuela por la rendija el partido comunista y demás colectoras de una izquierda que carece de identidad y programa mientras flamea las consignas propias del nuevo órden mundial como la panacea de un capitalismo bueno que les vendió la vice presidenta y algún privilegio a la hora de manejar un programa gubernamental.
La soledad del presidente se parece a la traición pero es algo mucho peor, refleja por un lado una inocultable crisis dirigencial, la pérdida de proyecto en la discusión política que se sintetiza en un pragmatismo escandaloso y el murmullo silencioso de un pueblo que por paciente lo toman por zonzo.
Las corporaciones gremiales, empresariales y extractivistas mantienen un silencio cómplice al que no se someten los trabajadores informales, los asalariados, los monotributistas y comerciantes que padecen la ausencia de todo tipo de política que les permita un mínimo de ahorro, por el contrario, apenas sostienen sus comercios o llegan a fin de mes.
Resulta necesario y urgente discutir una reforma impositiva de carácter progresivo, dejar de castigar al conjunto del pueblo con impuestos como el iva y comenzar a promover acciones en pos de beneficiar a los contribuyentes que paguen al día.
Es necesario también una nueva ley jubilatoria que garantice ingresos que sostengan una canasta básica de mínima.
Y por último generar regímenes laborales simplificados que permitan la registración de la de trabajadores informales logrando de esta forma la recaudación de cargas sociales que ayuden a no seguir desfinanciando el sistema de la seguridad social.
La dirigencia política hoy solo tiene para ofrecer candidatos del stablishment y alguna propuesta que reúna el enojo de algún sector social.
El vacío ideológico no es menor al vacío programático y eso se ve reflejado en gobiernos que carecen de planes que no sean la contención social mediante el asistencialismo, la obra pública para ganar una elección y la elevación a economía social de una economía marginal que si no es sostenida por el Estado difícilmente progrese.
Gobernar es crear trabajo, sencillamente eso.
La soledad del presidente lo puede sumergir en escuchar el silencio aturdidor del palacio o tal vez empezar a escuchar la realidad de la calle y del interior del país.
Resta un año y medio para las próximas elecciones presidenciales, no se podrá transformar la realidad pero si puede cambiar el rumbo y ganar tal vez un lugar en las páginas de historia de nuestro pueblo.

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