En el Día Internacional del Trabajador y de la Constitución Nacional

Especiales Por Norma Peiretti
DIADELOS TRABAJDORES

“Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”. Ese era el lema que defendía el movimiento obrero en Chicago, Estados Unidos.  En esa época las jornadas laborales se extendían hasta dieciséis horas diarias, de lunes a lunes.

Los reclamos de las organizaciones sindicales no eran nuevos en el mundo. A fines del siglo XIII los trabajadores ya se habían manifestado en contra de las inaceptables condiciones laborales que trajo la Revolución Industrial en Gran Bretaña.

En 1868 el Presidente Andrew Johnson promulgó la Ley Ingersoll estableciendo la jornada de ocho horas después de décadas de reclamos.

Los empresarios no la acataron de inmediato. En consecuencia se inició una huelga el 1º de mayo de 1886 en Chicago, la ciudad industrial de Estados Unidos. Se expandió por todo el país y 350000 trabajadores salieron a la calle reclamando por sus derechos.

En una de esas marchas estalló una bomba, cuyo autor nunca fue identificado, y provocó la muerte de manifestantes y policías.
Como consecuencia de este cruento hecho algunos líderes fueron condenados a muerte. A ellos se los conoce como los Mártires de Chicago. En su homenaje se estableció el 1ª de mayo “Día Internacional del trabajador”.
En nuestro país la primera celebración tuvo lugar el 1º de mayo de 1890.

Hoy también se conmemora el Día de la Constitución Nacional.  Fue sancionada en 1853 por una Asamblea Constituyente reunida en Santa Fe con el objetivo de poner fin a las guerras civiles y sentar las bases de la unión nacional mediante un sistema republicano y federal.

Dos celebraciones unidas: el reconocimiento al trabajador que día a día contribuye a engrandecer nuestra patria con su esfuerzo y la vigencia del conjunto de leyes y códigos que asegura su ubicación legal.
El trabajo es un organizador de la vida del hombre. Lo dignifica y lo valoriza en la sociedad. La cultura del esfuerzo no debe desaparecer.

Reconocer los derechos del trabajador y promover salarios justos favorece su inclusión, potencia su futuro y disminuye desigualdades.

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