"Errorismo de Estado"

Opinión 18 de agosto de 2021 Por Luciano Giuliani
luciano nueva foto

Si el problema fuese un cumpleaños en Olivos en plena cuarentena, todo parecería fácil de resolverse con una sincera disculpa.

Pero el problema es otro, y el gobierno entiende que es muy difícil explicar que tras dos años de gestión solo han abonado a la concentración de la riqueza y al masivo empobrecimiento de un sector de la clase media.

Aún resuena en el gabinete el recorte caprichoso del IFE por el cual dejaron afuera a casi cuatro millones de personas y se enteraron que la seguridad social es insuficiente en el país.

La salida del Ministro Daniel Arroyo no ha sido lo que se dice triunfante puesto que el mayor logro de su gestión ha sido la tarjeta alimentar que ha pasado sin pena ni gloria como un programa más cuyo impacto podría haber sido mucho más efectivo como complemento en dinero constante y sonante a través de las prestaciones de la seguridad social sin el carnet identificatorio del ministerio.

A diferencia de Alicia Kirchner o Carolina Stanley, la gestión de Arroyo al frente del ministerio no tuvo un verdadero impacto en lo político organizativo y tampoco en la brillantez de la gestión.

Daniel Arroyo parece ser de esos funcionarios a los que Cristina recomendó que se dediquen a otra cosa porque son de los que no funcionan. 

Este caso no resulta subjetivo puesto que si volviésemos en una cápsula del tiempo al año 2019 veríamos que era el ministro estrella del flamante presidente, el armador de una gran mesa denominada Argentina contra el hambre que sólo logró un par de fotos que reforzaban el supuesto espíritu dialoguista de Alberto Fernández.

En Argentina seis de cada diez niños viven por debajo de la línea de pobreza, todo un dato de la economía que choca de lleno con el relato del Estado presente que manifiesta el gobierno. Los únicos anuncios que han hecho durante este año y medio de cuarentena ante este problema han sido los refuerzos a las prestaciones de la seguridad social, que bajo ningún aspecto puede decirse que sean soluciones al problema real de la falta de trabajo y la estanflación de la economía.

La foto de Olivos en el cumpleaños de la primera dama parece impactar sobre el gobierno con una fuerza estremecedora porque es una gestión que no tiene para mostrar resultados.

Ni salud, ni economía.

Allá por julio del 2020, la provincia de Córdoba había decidido abrir la mayoría de los rubros permitiendo trabajar bajo protocolo.

Esta decisión del gobernador Schiaretti fue criticada duramente por quienes hoy encabezan la lista del frente de todos que juzgaban la medida de poner en riesgo la vida de las personas y ahora usan el argumento de que no hay mayor gravedad en haber incumplido una vez aquella cuarentena en la quinta presidencial.

El relato del gobierno nacional fue estigmatizante, persecutorio y constituyó un modelo totalitario por el cual hoy deben rendir cuentas.

Detrás de la foto del cumpleaños hay personas asesinadas o desaparecidas por la cuarentena, gente procesada por delitos contra la salud pública y miles de personas multadas bajo dudosos criterios que parecen apelar más a lo recaudatorio que a lo sanitario.

El andamiaje represivo que implantó este gobierno en nombre de la pandemia tuvo un elocuente discurso de izquierda con una acción que el mismo gobierno siendo oposición hubiese descripto como de derecha.

Según los datos oficiales de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, recibieron 531 denuncias de abuso policial entre el 20 de marzo y el 6 de noviembre de 2020, además contabilizan la cifra de 25 muertes relacionadas al accionar policial durante el confinamiento.

La foto de Olivos no es un hecho en sí, implica un reproche mucho más profundo de la sociedad que exige respuestas a las autoridades sobre dos años de mandato que aún no permiten ver ningún tipo de resultado real y positivo en la vida de las personas.

El gobierno de Fernández parece estar marcado por la práctica del errorismo de Estado, toda medida o decisión incluye una falencia sobre la cual pedir disculpas pero sin enmendar el error.

La reciente manifestación conocida como la marcha de las piedras ha significado la visibilización más fuerte de un reclamo social al gobierno que pretende salir de la pandemia adjudicándose el éxito en la gestión de la misma.

Con astucia y fiel a su estilo, el gobierno anunció que recolectó las piedras para construir un memorial por los muertos por covid.

Una vez más la política argentina usa la muerte para sus propios fines mediante un perverso tironeo entre la oposición y el oficialismo ante un hecho doloroso que muestra a las claras los errores de un Estado que en 38 años de democracia no tuvo como prioridad mejorar el sistema de salud.

Alberto Fernández sigue jugando al límite, dice que se siente un hombre común y que a veces se le olvida que es el presidente.

Su justificación no lo exime de responsabilidad.

Argentina va camino a dos comicios electorales en un contexto de crisis política y económica que es inocultable.
 
La foto de Olivos no es solo una foto, sino un entramado y una postal de una forma de gobernar.

No debe ser tan fácil que esas fotos se filtren. El gobierno tiene dos problemas por delante, el primero es lograr validar nuevamente la autoridad presidencial ante la gente.

Y en segundo lugar resolver sus acciones internas para no dejar a la luz el privilegio de casta que denuncian sus opositores.

Ayer Alberto Fernández habló a los gritos, con un tono similar al de Mauricio Macri en la apertura de sesiones legislativas del 2019.

El discurso fue más de lo mismo, daba la sensación que gritaba con la esperanza de ser escuchado pero el problema no es ese.

Alberto Fernández mintió y para tapar su mentira deslizó culpas primero hacia su pareja y luego hacia el ex presidente Macri.

Mentir es jugar con el bien más preciado en política, es poner en juego la confianza.

El pueblo argentino supo escuchar y tener paciencia, el esfuerzo ha sido grande y doloroso pero sucede con la confianza que no es un valor material que se compre y se venda.

Si la confianza se pierde es muy difícil que se vuelva a recuperar.

El gobierno apunta a validar esa confianza en las urnas, mostrando en unos pocos meses que dos años cruzados por la pandemia pueden recuperarse y que frente a ellos se encuentra el peor mal de la Argentina.

Por ahora todo se trata de anuncios y promesas.

El gobierno parece haber dejado atrás la pandemia y hasta está dispuesto a hacer un memorial por los muertos en la guerra contra un enemigo invisible pero parece mirar para otro lado a la hora de hablar de la cantidad de negocios cerrados y trabajadores que perdieron sus fuentes de trabajo por una cuarentena que no salvó vidas, sino que complicó aún más la crisis económica heredada del gobierno anterior.

A pocos días de la primera contienda electoral de este año, parece no haber demasiado entusiasmo en la gente que se encuentra como hace veinte años atrás descreída de la política y cansada de la repugnante ficción de una grieta que solo alimenta fanáticos y obsecuentes.

Nada sorprende ya del gobierno de Fernández, ninguna maniobra milagrosa de último momento lo hará ver exitoso. 
Es que han consolidado un espacio a través del espanto y si la política no seduce o enamora el desencanto es inevitable.

Alberto Fernández es un hombre común que a veces se olvida que es el presidente, porque cree que el presidente sigue siendo Macri. 

La política argentina podrá tener todo tipo de críticas pero a divertida no le gana nadie. 

TAMBIÉN EN SUR CORDOBÉS