Nueva normalidad

Opinión 27 de mayo de 2021 Por Luciano Giuliani
luciano dos

Hasta no hace mucho tiempo los organismos de derechos humanos denunciaban si la policía te pedía documentos, los pañuelos blancos te invitaban a rebelarte contra la injusticia y los gremios reclamaban contra el ajuste y el hambre.

Si un pibe era desaparecido o asesinado, los organismos de derechos humanos te decían que el Estado era responsable y exigían la cabeza de algún ministro o jefe de alguna fuerza de seguridad.
Los gremios de la salud hacían paros, abrazos y radios abierta exigiendo al Estado mejores sueldos y condiciones de trabajo.

Luego llegó esta nueva normalidad que se llevó a Facundo Astudillo Castro, y los organismos de derechos humanos promovieron denunciar al que circulaba fuera de horario, alentaron el discurso de que "la gente no se cuida" y de esa forma restaron responsabilidad al Estado y le dieron más poder al gobierno para que haga y deshaga nuestra vida a su antojo.

Los organismos de derechos humanos aceptaron con total normalidad la palabra confinamiento (¿tal vez un poco de síndrome de Estocolmo?), no les pareció nada preocupante la pobreza (algo que si preocupaba y mucho a los 30.000), les resultó muy placentero que una sirena suene cada día para restringir la circulación, se callaron cuando las plazas fueron prohibidas y de repente el algo habrán hecho en su nueva versión de que el que se queda adentro no se contagia empezó a resultar un discurso propio de los que sufrieron ese discurso egoísta de la sociedad en los años de plomo.

Hace un año y meses el Presidente argentino nos dijo que enfrentábamos una guerra contra un enemigo invisible que lo buscábamos nosotros al salir de casa.
Nos convirtieron en delincuentes, en subversivos.

Empezó a estar mal celebrar un matrimonio, celebrar el día de la Madre o del Padre, festejar un cumpleaños, ir al templo, a la iglesia, reunirnos o jugar en un potrero a la pelota.
Trabajar empezó a ser delito porque hay trabajos esenciales y no esenciales.
Una gran ficción.

Si alguien leyese esto en el año 2019 diría que es un buen relato para un cuento de ficción.
La gente se convirtió en un peligro, todos somos potenciales portadores de una enfermedad que puede matar a otro. Aunque pareciera fantasía así es, ni siquiera las campañas más groseras sobre los accidentes viales internalizó ese discurso con tanta efectividad.

Además todos somos responsables del saturamiento de un sistema de salud que en un año no tuvo mejoras sustanciales en sueldos y personal. Mientras tanto el gobierno no tuvo la misma firmeza al momento de exigir a las obras sociales reducir sus ganancias para invertir en el sistema de salud que la que tuvo para acusar a la gente por no cuidarse.

Tampoco obligaron a gobernadores e intendentes a reforzar dicho sistema en sus territorios.
Lo más grave de esto último, es que el aumento brutal de la pobreza ha empeorado la salud de la población y ni hablar de la salud mental.

El épico relato oficialista no admite críticas: de la patria es el otro a la culpa es del otro.
Se argumenta que la vacuna es soberanía y miles de compatriotas achican más y más sus gastos, se endeudan y otros pierden su negocio o su trabajo.

Indudablemente es una ficción, jamás los organismos de derechos humanos avalarían semejante atropello.
La tierra arrasada duró hasta el 10 de diciembre de 2019, ahora la libertad no importa, tampoco la igualdad.
Lo que importa es la vacuna y las rimbombantes estadísticas (por cierto, las únicas estadísticas del gobierno) que nos indican cada día cuantos contagios, cuantos muertos, recuperados y vacunados hay en el país y el mundo.

¿Qué decir de prohibir los besos y los abrazos?. ¿Quién se hubiese animado a decir que eran peligrosos?. ¿Y la idea de que bailar es un enorme peligro?. 
Ahora afrontamos nuevas restricciones mediante un decreto de necesidad y urgencia, no por ley del Congreso.
Nos dicen que el encierro es necesario y la angustia te come el alma de no poder pagar tus deudas, de endeudarte en tu negocio y ni hablar del que pierde el laburo.

El Emperador de Roma llamado Cómodo hizo célebre una gran verdad de la política, o al menos de la mala política que es la que usan en general los gobernantes: Pan y Circo.
Este presidente Fernández fue aún más allá y dijo nada de pan, solo circo y así no podemos trabajar para ganar el pan pero... nos dejan ver Tinelli y ahora el fútbol de las ligas mayores donde abunda la riqueza.

La Copa América se debate entre los laboratorios, no es el mundial 78 ni lo relata Muñoz, pero un siniestro gusto a pasado invita a pensar que nuevamente el fútbol se quiere comer todo, porque es más fácil gritar un gol que gritar basta ante tanta injusticia. 


Luciano Giuliani
27/05/2021

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