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"Arrojados a la incertidumbre"

Opinión 28 de junio de 2020 Luciano Giuliani
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Tan incierto es el futuro por estos días. Sin embargo algunas personas eligen aferrarse a sus certidumbres para elevar su verdad victoriosa.
¿Realmente hay lugar para los fanatismos hoy en día? ¿Qué verdad pretenden imponer?
¿Acaso no sería un buen momento para escucharnos?
Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el mundo pos pandemia, ni siquiera sabemos si habrá pos pandemia. Convivimos con la enfermedad, tras ella agazapada está la muerte y eso genera miedo, estrés, angustia.
Hoy más que nunca el temido relato pos moderno se hace carne. Un presente furioso que no nos deja salir demasiado de él, una confusa nueva era en la que estos aparatos con pantallas han pasado a mediar nuestra interacción casi de forma permanente.
El salto al futuro, la esclavitud de la tecnología, la crisis absoluta y fatal del urbanismo.
Una suerte de edad media en la que los estrictos límites del poder comienzan a diluirse ante la irreversible certeza de la incertidumbre.
 El nuevo mundo no parece ser tan agradable y seguro, ¿el aumento de la pobreza a nivel global generará condiciones para pensar el rol del Estado? ¿Elegiremos libertad o seguridad frente a la incertidumbre?.
El panorama en las grandes capitales del mundo es desolador, la promesa del progreso ha mostrado que resulta casi imposible lograr una síntesis sobre la actitud más responsable frente a semejante adversidad.
¿Cuántos sueños hizo añicos esta incertidumbre? ¿Qué tan capaces somos de aceptar el estado de situación actual y proponernos salir adelante más allá de la adversidad?
En este contexto muchos analizan las "oportunidades" que surgen de la pandemia, otros "reconvierten" su actividad con la esperanza de no quedar en bancarrota, otros depositan en la política la respuesta a la pandemia pero es incierta su capacidad de resolver esta crisis a nivel mundial.
Los modelos del capitalismo occidental han fracasado, también las experiencias de corte socialista. La pandemia se globalizó irrefrenablemente y jaqueo todas las economías y las costumbres.
Hoy entre tanta incertidumbre hemos aprendido a valorar las pequeñas cosas, un abrazo, un beso, compartir una comida, ir a un bar, salir a caminar o hacer ejercicio.
La pandemia de cierta forma nos humanizó, o al menos nos cambió la lente para mirar la realidad.
Queda aún largo tiempo a recorrer, tal vez sea tiempo de una mayor introspección, de valorar nuestro paso por este mundo. Seguir aquella vieja idea de Ortega y Gasset que decía que uno es uno y sus circunstancias.
Empezar a pensar nuestras relaciones, nuestros objetivos en la vida, valorar más la naturaleza y sobre todo respetarla.
La adversidad es una gran escuela, no nos dará todas las respuestas pero nos ayudará a hacernos todas las preguntas, condición sine qua non para pensar el mundo y pensarnos a nosotros dentro de el.
El sabio Sócrates instaló en la antigua Grecia aquel tipo de conocimiento casi mágico denominado mayéutica que rezaba una frase en griego antiguo que decía: "solo se que no se nada", la mayor de las verdades en el año veinte del tercer milenio.

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