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"La Carlota Color y Carnaval": los sueños detrás de rostros cubiertos de brillos y trajes cargados de lentejuelas y plumas

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Durante las noches de carnaval en La Carlota, las aulas de la Escuela Superior El Nacional, se transformaron en camarines de los bailarines y sus patios y pasillos en improvisados corsódromos para repasar pasos y ajustar detalles. Allí se pudo observar cientos de niños, jóvenes y adultos correr en búsqueda de sus guías para que los ayuden con el retoque del  maquillaje, el agregado de brillos a sus rostros o  el ajuste de las plumas. Es el detrás de escena de un show que encierra un sinfín de historias de vida de cientos de personas que solo por amor a lo que hacen, dedican meses y meses de su tiempo  durante todo el año, para subirse cada verano,  al transporte que los lleva a pisar diferentes corsódromos del país.

Sur Cordobés, se metió en ese detrás de escena, recorrió las aulas, los patios y los pasillos de la escuela, piso el brillo que cubría cada espacio, en búsqueda de los directores de las comparsas que fueron protagonistas del evento “La Carlota Color y Carnaval 2020”, que se llevó a cabo durante los días sábado 15 y domingo 16 de febrero. Esos responsables de las comparsas fueron develando historias no solo con palabras sino con sus rostros plagados de emociones lógicas que solo pueden emerger cuando los sueños de todo un equipo de trabajo, se hacen realidad.

Todo un equipo de trabajo que durante los meses previos a las presentaciones confeccionan trajes, consiguen recursos, deciden contrataciones, eligen temáticas, reciben nuevos integrantes, cumplen horarios de trabajo en fábricas, frigoríficos, escuelas, municipios, empresas,  y no dejan de soñar.

Lucio Marchese, responsable de la Comparsa Ará Narú, de San Francisco-Córdoba,  Antonella quien lidera la comparsa Monumental Salgueiro de Paraná-Entre Ríos y Jorge Ludueña quien dirige la Escuela de Baile “Ritmos” de la ciudad de La Carlota,  dejaron por un momento correr detrás de cada detalle y dispusieron de unos minutos para develar historias plagadas de sueños que se esconden detrás de cada brillo.

“Uno de los sueños es llegar a todos los lugares, a todos los cosmódromos del país, pero nuestro mayor sueño es poder estar en  los carnavales de Río de Janeiro, aun no pudimos llegar ahí, por lo menos en principio, para conocer”, dijo Lucio de la Comparsa Ará Narú.

Por su parte, Antonella de la Comparsa Monumental dijo que el sueño era continuar recorriendo distintos corsódromos del país,  “porque formar parte de la comparsa es parte de nuestras vidas y creo en lo personal que un año que me quede sin carnaval,  no sería lo mismo”.

Jorge Ludueña, es de la ciudad de La Carlota y a pesar de que formó parte del  carnaval desde sus inicios, hoy ya no se presenta en escena con su comparsa sino que lo hace con bailarinas de su escuela Ritmo, y aunque el tiempo ha ido mermando sueños,  sus ganas y expectativas siguen intactas, “la verdad que mi sueño era tener una batucada y llegar a competir en otras partes, porque tenía y tengo buenos bailarines, pero luego entendí que debía pensar solo en disfrutar y hoy lo hago al lado de todas las mujeres que integran la escuela de baile, que son realmente un apoyo incondicional, me empujan y me ayudan a estar en estos carnavales,…y ellas me dieron fuerza para poder seguir y ahí están los logros que tenemos y estoy feliz, y espero que mucha gente entienda que los carnavales son solo diversión”, señaló.

“Disfrutar”, esa es la expresión que todos refirieron cuando se les consultó acerca de las condiciones que deben tener quienes deseen formar parte de las comparsas. 

Antonella contó que todos arrancaron desde muy pequeños y que hoy, a casi 12 años de conformados como grupo, son 65 integrantes de entre 15 a 60 años, “pero siempre está abierta la posibilidad de incorporaciones nuevas y tenemos muchos suplentes porque algunos a veces no pueden asistir por trabajo. La única condición es salir a divertirse, siempre digo que es un trabajo que se festeja dos meses y se trabaja todo un año”.

Luis, quien está a cargo de la comparsa Ará Narú, (Hijos de la Misma Tierra), contó que está integrada por bailarines de 15 años en adelante, “no tenemos límites, y para poder integrar esta comparsa solo hay que tener ganas de bailar y disfrutar,… es una actuación porque hay que meterse  en el personaje que incluye cada temática,…es necesario que cada integrante disfrute de lo que está haciendo porque esa es la única forma de poder transmitir a la gente diversión, hay que sacarse los miedos, disfrutar para poder transmitir alegría”.

“Solo ganas de bailar”, es la única condición que para Jorge es válida a la hora de querer integrar su escuela de baile, “acá vamos a la integración y a disfrutar, yo tengo mujeres de todas las edades”, sentenció.

Integración quizás sea la palabra mas acertada a la hora de hablar de quienes forman parte de  las comparsas y escuelas de bailes que hicieron su paso por el corsódromo de la Carlota, y “todos”  con la firme convicción de hacer divertir a los espectadores, “divertirse con los espectadores”.

Para el logro de tal fin, son muchos los meses y días que pasan tomando decisiones para brindar el mejor de los espectáculos y  superarse cada año.

Entre estas decisiones están aquellas que pasan por la elección de las temáticas y por los trajes a lucir. Ambas requieren de toda la destreza mental y física posibles.

Un homenaje a todos los carnavales del país, fue  la temática elegida por la comparsa Monumental Salgueiro para este verano 2020, “arranca con una comisión de frente con una embajadora representando la bandera verde y blanca que es de nuestra comparsa, luego llega la bandera de Marí Marí del carnaval de Gualeguaychu, para pasar a la bandera del carnaval majestuoso que es el correntino y cierra con el frente de batucada, frente de baterías y presentamos instrumentos de viento”.

Y cada año al igual que la temática los trajes se renuevan, “el año pasado terminamos las presentaciones el 7 de marzo, y el primero de mayo viajamos a Uruguay de donde nos trajimos 180 mil pesos de materiales”.

Una vez definida la temática, “Gastón que es mi socio, es el encargado de confeccionarlos, pero por supuesto que todos ayudamos”.

Agregó que no les gusta repetir los trajes  “entonces vendemos todos los trajes a comparsas del interior y con lo recaudado seguimos invirtiendo para la próxima temporada”.

La Comparsa de Luis en cambio ya tiene conformada una comisión integrada por cinco bailarines, “en la cual estoy incluido y casi siempre somos los encargados de la confección de los trajes, pero por supuesto que todos ayudan”.

Las mujeres de la escuela de baile de Jorge Ludueña decidieron por lucir también,  trajes nuevos, “siempre desarmamos y hacemos todos los trajes nuevos”.

Jorge agregó que lo más costoso de los trajes son las plumas, “hoy un kilo de plumas sale aproximadamente 9 mil pesos, es muy caro, y en eso si tratamos de reciclar o guardar para poder utilizarlas el mayor tiempo posible”.

En relación a los presupuestos con que cuentan cada año para poder hacer la inversión en trajes, tanto la Comparsa de Luis como de Antonella refieren que es la parte más difícil, ya que no cuentan con ayuda de organismos oficiales.

Luis destacó que por cada contratación y durante todo el año asisten a diferentes eventos y casi todos los fines de semana salen a los barrios de San Francisco  a vender pasteles, empanadas y pastas.

Agregó que el estado municipal de San Francisco, “es bastante atípico,  no nos apoyan y tampoco hacen los corsos porque ellos organizan la Fiesta de la Buena Mesa, así que no apoyan mucho lo que es murgas y comparsas, por lo que es todo a pulmón”.

Antonella señaló que  Paraná no tiene declarado de interés cultural a los carnavales por lo que no perciben ingresos oficiales, “así que hacemos un montón de actividades sociales como venta de empanadas que nos permite tener hoy en día la comparsa como está”.

A pesar de no contar con ayuda económica oficial, Antonella dice que no bajan los brazos y siguen adelante “y sí buscamos que Paraná como capital de la provincia de Entre Ríos, pueda ser partícipe de unos buenos carnavales”.

Jorge Ludueña, a  diferencia de las  comparsas y escuelas de baile que pisaron el corsódromo de La Carlota, dice que cuenta con todo el apoyo del estado municipal, “que además me presta el salón durante todo el año para que pueda funcionar la escuela de baile y cuando nos hace falta dinero para los trajes, también colaboran, así que no puedo quejarme, siempre se han portado muy bien”.

Más allá de este aporte oficial, Jorge cuenta que durante el año hacen Tómbolas “para contar con dinero y así poder hacer frente a la compra de telas y  calzados”.

Pisar el corsódromo de la ciudad de La Carlota fue para todos una experiencia muy gratificante. En este sentido Luis contó que es la primera vez que visitan esta ciudad, “y la verdad que pasamos una etapa de mucha ansiedad  porque sinceramente  queríamos ser contratados”.

Observó muchas ganas de trabajar por parte de los organizadores, y que en todo momento fueron muy atentos, “desde que llegamos nos recibieron, nos atendieron y se evidenció una excelente organización”.

Al igual que en otros lugares, llegaron muy temprano el día domingo, “y disfrutamos recorrer la localidad, repasamos la coreografía, y una vez que estuvimos liberados de acomodar todo, salimos a ver el corsódromo, hablamos con la gente e  hicimos amistades con las otras comparsas”.

La comparsa de Antonella, arribó también muy temprano a la ciudad, y ya imaginaban el recibimiento porque ya estuvieron en la edición 2019, “y ahora nos toca vivir este 2020 con esta gente tan bella que nos recibe siempre tan bien”.

“Llegamos  a las 11 y fuimos  alojados en el Hogar de Día San Martín de Porres, donde pudimos almorzar y descansar”, señaló Antonella.

Y agregó que las experiencias tanto del  año pasado como la de este 2020, fueron muy gratificantes, “y quedamos  muy sorprendidos porque el público fue muy especial, muy alegre”.

Jorge, y su grupo de baile tuvo a su cargo la apertura en las dos noches de carnaval, “y es muy lindo, muchos nervios, presión, y hay  que estar acorde a las comparsas que vienen de afuera”.

Este año, se presentaron 40 bailarines “porque se sumaron para este carnaval los hijos, nietos y amigos, pero somos 20 los que estamos todo el año ensayando en la escuela de baile”.

Jorge hace 15 años que baila, “y empecé bailando salsa en la escuela Ballerina, y después hice cursos de ritmos y me quedé con eso”.

 A la hora de responder porque decidió dejar de lado la comparsa y dedicarse solo al grupo de baile dijo que era muy desgastante, “y fue en una época que yo estaba muy enfermo, con mucho estrés y decidí no hacerla mas y hoy en día trato de que haya gente que me ayude con la escuela” y agregó  “tener una comparsa es mucho más complejo, porque requiere de mucha mas gente en escena”.

Tanto Luis como Antonella manifestaron sus temores al inicio de la temporada, por los tiempos complejos económicos que se viven, pero que en realidad están agradecidos a Dios porque el trabajo no mermó en relación al año pasado.

Luis en esta línea destacó que sí  pudo observar que muchos municipios tuvieron que ajustar presupuestos, “te diría que en un 50 por ciento se sostuvo el evento y en la otra mitad solo se trabajó con comparsas de cada localidad ya que  no pudieron hacer contrataciones de otros lugares por el tema del costo del transporte. Por ejemplo si nosotros tuviéramos que hacer frente al trasporte, deberíamos cobrar el triple”.

Antonella, agradeció a Dios que esta temporada fue muy positiva ya que al inicio se pensó que iba a costar, “arrancamos la temporada el 11 de enero en Patricios provincia de Buenos Aires, luego seguimos todo esta parte del verano casi todos los fines de semana ocupados, así que valoramos como positiva la temporada, y tenemos contrataciones hasta el 7 de marzo”.

Sin dudas que, detrás de cada rostro plagado de brillos, de un infinito  colorido de plumas, de trajes cargados de piedras y lentejuelas, hay historias de vida, de generaciones enteras, de edades diversas, que durante los meses que no tienen presentaciones en eventos carnavalescos, trabajan, estudian mientras dedican tiempo a coser trajes, ensayar coreografías, buscar recursos económicos para comprar telas, con el solo objetivo de  brindar cada año espectáculos coloridos y alegres que les permita seguir soñando o simplemente continuar porque “bailar es pasión” o bien como dijo Antonella “un año que me quede sin carnaval, ya no sería lo mismo”.

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